‘Cerezas y esta larga primavera’, artículo de opinión de Carmen Ibáñez

‘Cerezas y esta larga primavera’, artículo de opinión de Carmen Ibáñez
‘Cerezas y esta larga primavera’, artículo de opinión de Carmen Ibáñez

‘Cerezas y esta larga primavera’, artículo de opinión de Carmen Ibáñez

Este año no nos acompaña la suerte en la producción de cerezas, o cómo se dice en agricultura, la oportunidad. La meteorología ha decidido someternos a todas las inclemencias posibles en torno a este fruto tan sensible, lluvia, granizo y las bondades de una primavera tardía, fría, húmeda y larga, que han dejado una copiosa producción. Contra todo pronóstico, esto no es bueno. Los calibres bajan. Los consumidores y el mercado no lo perdonan.

Cada cereza, sea del calibre que sea, cuesta igual producirla, tanto al árbol como a las personas que las cultivan. Cuesta lo mismo cuidarla, madurarla, recolectarla,…

La azarosa respuesta al cambio climático ha hecho que nuestra cereza temprana haya dejado de ser temprana y ha entrado en juego más tarde de lo previsto, dejando de ser Extremadura la protagonista de este espectáculo. Esto ha provocado que Extremadura quede relegada a un segundo plano en el mercado nacional y ha marcado una profunda crisis estructural de esta producción, antaño estelar, que ha llegado esta campaña tarde y mal.

Los datos no dejan lugar a dudas. Un jornalero recoge de media 6 kg de cereza en una hora, lo que supone 1euro en kg. Un envase para 2 kg de cereza cuesta 30 céntimos. Los costes de producción son de 1euro/kg de cerezas. Es decir, que antes de salir a la distribución, el kilo de cerezas cuesta ya 2,15 euros

Cuando un consumidor compra debería saber que ése es el precio que tendría que recibir un agricultor, al menos, para no perder dinero. Por otro lado, las cooperativas precisan 1 euro en kg para la distribución y las grandes superficies tienen márgenes comerciales que rondan el 40 por ciento. Es por ello que en nuestra decisión, en nuestra cesta de la compra, está el futuro, la vida y la dignidad de muchas personas.

Tenemos la oportunidad de apoyar esta producción, que es una de las banderas de Extremadura, producida desde muchos rincones de nuestro territorio, desde Gata hasta las Villuercas, pero también en nuestros valles más renombrados como Las Hurdes, El Ambroz, La Vera y, cómo no, El Jerte.

Aún no está todo perdido porque estamos al comienzo de la campaña. Las variedades más tempranas hacían fuerte a las producciones de cereza y a las personas que las cuidan, por eso, este comienzo ha sido un mazazo que ha hecho reaccionar a los agricultores y agricultoras, sacándolos a la calle hace unos días en Cabezuela, en el centro neurálgico del Valle del Jerte, bajo la lluvia para conformar una marea rojo picota.

Nos queda una larga cosecha, una campaña con un sinfín de variedades, y tiempo. Tiempo, y mucho trabajo e ilusión por delante. Pero ahora, como sociedad, creemos que nos toca amparar a este cultivo, que es señal de identidad de nuestra región, soporte de nuestros pueblos, de nuestra alimentación, y también de nuestra economía.

¿Qué hacemos como consumidores? ¿Qué hacemos como productores? ¿Qué hacemos como gobernantes? El consumidor debe renunciar a la cereza barata y poner en valor un fruto de alta calidad que nos identifica, no su tamaño, no por un calibre medido por máquinas. El productor debe buscar modelos productivos más rentables, sostenibles y diversificados, que no le hagan ser tan vulnerable. Los gobernantes deben impedir el atropello de productores y consumidores, no amparando la especulación y proporcionando estrategias para que se puedan implementar estos nuevos modelos productivos.

Carmen Ibáñez,

Consejera Ciudadana de Podemos Extremadura


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